No revelaré lo que regalé yo este año, pero el regalo que recibí, lo habréis adivinado ya, fue este libro, y le agradezco desde aquí a ese amigo "desconocido" que me presentara a Augusto Monterroso.
Tarde llego a la obra de este autor, conocido como el maestro de la microliteratura en lengua española (tan micro que os recomiendo que, aunque no leáis el libro, busquéis un cuento suyo llamado "El dinosaurio"). En mi descargo sólo puedo argumentar que los cuentos no son uno de mis géneros favoritos. Debo decir que últimamente estoy intentando remediar esa cuestión y me he paseado por una bonita colección de Cuentos fantásticos del romanticismo alemán editada por Valdemar Gótica y recopilada por José Rafael Hernández Arias, pero como la norma número dos de este blog es no contener reseñas retroactivas, vuelvo al estupendo librito que me ocupa.
Reseñar un libro de cuentos sin decir demasiado ni demasiado poco es todo un reto, así que empezaré despacito, por ejemplo con el título, que destila, ya para empezar, una ironía que va a ser la marca de clase de la prosa que maneja este guatemalteco ilustre.
Los trece cuentos que componen la obra me han llevado del ronzal por todo un muestrario de experimentos literarios que casi se leen solos: desde el que fue hasta 2005 el cuento más breve escrito jamás en castellano, pasando por un relato sin un solo punto, hasta un prodigioso juego de malabares con la perspectiva del narrador. Con un estilo ágil y como digo, extremadamente irónico, consigue hilvanar el rosario de miedos, frustraciones, hipocresías e inseguridades del género humano sin abandonarse a la demagogia o al despelleje general, sino con un tono de crítica resignada. Los personajes de Monterroso no son malos, son lo que se han conformado con ser.
Con un contenido que da miedo de tan actual (el libro es de 1959 pero si alguien es capaz de leer "Uno de cada tres" y no pensar al momento en las redes sociales, ¡espero su comentario encarecidamente!), cuenta la historia de personas que están donde no quieren estar convenciéndose a diario de que sí quieren. Las fibras que hace vibrar Obras completas (y otros cuentos) son desde luego multitud, pero como ni que decir tiene que cada cual habla de la feria según le fue en ella, yo os dejo semiparafraseando a Demócrito: "El posponer indefinidamente las cosas, lleva a menudo a no hacerlas".
En cualquier caso, una obra de esas que se pueden leer por el simple placer de recrearse en una prosa magistral.
Próximamente en este blog: Nostromo de Joseph Conrad
Pasen y lean...